Elogio a la soledad *

Nieves González López

*texto para las XVII Jornadas Sección de Psicoanálisis de la AEN

Me gusta el título de la Jornada, Soledades, en plural. Los organizadores de la Jornada han dado a ver desde el primer momento que hay muchos tipos de soledades, tantas como personas existen en este mundo dado que al conformarse como ineludible para el que habla, la soledad es un rasgo común a cada uno de nosotros. Común, pero no similar. “Aquí todos estamos profundamente solos. Es lo que tenemos en común, la soledad”, escribe David Foster Wallace en su libro La broma infinita. (1)

De tal manera que la diferencia, la diferencia absoluta que cada humano porta, radica en cómo nos relacionemos con esa soledad inherente al humano. Con este sesgo recabamos en la mesa que nos corresponde La soledad y el Otro, muy sugerente título, también, un tema amplio que, por supuesto, tengo el deber de acotar.

Desde el primer momento en el que pensé qué deciros en esta Jornada tuve las ganas de hacer un elogio a la soledad, a esa soledad que hay que construir para que no nos pese la soledad. En cierta manera, cavilaba, se trata de construir una deconstruyendo otra. Hay que deconstruir la soledad que nos pesa para construir otra, una soledad que se produce en un encuentro que trataré de evocar hoy.

Pensaba hacer yo, en principio, un elogio a ciertos tipos de soledades, la del artista, la de la locura, la del psicoanalista, pero hete aquí que se produjo un encuentro con la poesía de Roberto Juarroz, al que no había leído hasta el momento, que me llevó, sin yo quererlo, y casi sin saberlo, al tema de la soledad que puede construirse al final de un análisis. Es una de las mayores ganancias que pueden obtenerse.

Esta soledad no deja de tener relación con el vacío (es lo primero que quiero señalar) y pienso que en estos tiempos que corren es importante recordar verdades primeras. Por ello quiero definir el vacío con las palabras de un magnífico escultor que se dio como tarea en su vida artística vaciar el espacio. Me refiero a Jorge Oteiza:

Espacio es lugar, sitio que puede estar ocupado o sin ocupar. Pero este sitio sin ocupar no es el vacío. El vacío se obtiene, es el resultado de una desocupación espacial, de una ausencia formal, el vacío se hace, es un resultado, no existe a priori. (2)

Un escultor de la talla de Oteiza junto con otros más, desde luego, supo construir el papel fundante del vacío en una sociedad, hoy, en la que se persigue el lleno o, más bien lo repleto, yendo entonces en dirección contraria donde se encuentra la verdadera fiesta.

Roberto Juarroz citado por Vila-Matas en Exploradores del abismo lo dice con esta impactante estrofa (3)

 A veces parece

que estamos en el centro de la fiesta.

Sin embargo

en el centro de la fiesta no hay nadie.

En el centro de la fiesta está el vacío.

Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.

Me serviré de él como hilo de mi exposición.

Este es el elogio a la soledad que hoy quiero realizar aquí. La soledad, en su vecindad con el vacío, como una fiesta.

Es que soy de los que ha visto vaciarse todo. Y, por tanto, soy de los que saben de qué se llena todo. (4)

Esta frase de uno de los personajes de este libro que ha hecho mis delicias en las vacaciones de Semana Santa, Exploradores del abismo de Vila-Matas, un personaje que siempre había estado enamorado de las plateas vacías, nos va a permitir transitar al segundo término del título de nuestra mesa La soledad y el Otro.

Los humanos somos pedigüeños pues buscamos algo perdido por incluirnos en el lenguaje. No tenemos un saber predeterminado, similar al instinto animal, dado que con el lenguaje nace la libertad, al menos una cierta libertad, al escuchar lo que nos dicen aquellos que nos acogen al mundo con un cierto margen, pero también surge nuestra condena dado que estamos forzados a imaginar que en el centro del Otro está la fiesta.

Al Otro, sea el semejante encarnando ese Otro con mayúsculas, sea el Otro simbólico, decimos, o el Otro, inconsciente estructurado como un lenguaje… al Otro, decía, le pedimos lo que no puede darnos y este es el drama del humano respecto al que el discurso le va a proveer de alguna solución. El discurso (5) va más allá del Otro, lo sobrepasa, al incluir a este Otro en una estructura que reconoce ya un imposible con el que algo hay que hacer.

Lacan formaliza el concepto de lazo social en los años posteriores al mayo del 68 francés con la producción de sus Discursos como diversos modos de regular el goce y, por ende, ordenar los lazos sociales. Nos relacionamos entre nosotros porque estamos en el lenguaje, pero, también, por ello mismo, nos confrontamos con una brecha al existir un elemento heterogéneo al lenguaje. Es el campo del Goce al que Lacan le dará el máximo protagonismo en su última enseñanza. Recordemos el término brecha que luego retomaremos.

Tomemos por el momento la imposibilidad como este encuentro que escribe Juarroz:

En el centro de la fiesta está el vacío.

A ese vacío que tempranamente se encuentra en el Otro hay que darle una respuesta porque angustia. Por lo general se tolera mal la angustia y huimos respecto a ella por medio de la represión, mecanismo que Freud sitúa como basamento de la teoría psicoanalítica. ¿Por qué la represión logra perpetuarse? Porque es el santo y seña en las neurosis de que hubo una causa real, una fijación de goce en el cuerpo, que hace corte con el yo al no entrar en la imagen. Volver una y otra vez al corte, compulsión a la repetición, como manera de fijar la represión.  Fijación de goce que busca repetirse (6)

Es verdad que hoy los pluses de goces están a la vista de todos, pero ello no exime que la condena a la repetición esté asegurada, más si cabe todavía que antaño, dado que el superyó muestra su cara de ordenar, imponer el goce, en lugar de prescribir su sacrificio en aras a los ideales. (7)

No podemos extendernos aquí en un concepto fundamental como es el de la pulsión, pero sí señalaremos que, al constituirse como un peligro para el yo, precisamente porque ella es la causa de que en el centro de la fiesta está el vacío, nos obliga a realizar un apaño. Expulsamos nuestra propia satisfacción pulsional al corazón del Otro, apuntando directamente a su vacío, a su deseo, decimos.

Ese Otro que construimos no está a la altura de nuestras demandas. No puede estarlo. Es imposible. Todo el mundo lo sabe pues el capitalismo con su cinismo y el psicoanálisis con su recorrido han contribuido a desvestir a ese Otro de todos los ropajes ideales que tenía, sobre todo el de su autoridad. (Más solos que nunca, entonces, decimos, porque el capitalismo no propone un lazo social como antaño. (¡Tampoco los lazos que proponían los discursos de antaño eran como para tirar cohetes!, me digo, al menos en lo que respecta a las mujeres, condenadas en la mayoría de las ocasiones, a ser madres de, esposas de o hijas de).

El peligro de hoy es perderse en los pluses de goces que pueden deslumbrarnos, al creer tontamente que todos los objetos que tenemos a nuestra disposición para gozar de lo lindo pueden hacernos ignorar, por decirlo de nuevo con palabras de Juarroz (8) que:

En el piso de arriba

hay un cuarto cerrado,

un cuarto al que nadie puede entrar.

No dejéis de ver si podéis la película Conspiradores del placer (1996). (9) Jan Svankmajer, su director, ilumina la intimidad de seis personajes que construyen sus detonantes de placer. Para el director lo importante no es solamente que estas construcciones sean disparadores de placer, sino que de esta manera forjan una identidad única y sin igual a partir de elementos significantes que proceden del inconsciente. Por eso en la película se fusionan los sueños con la realidad.

Para este cineasta la vida humana no está completa sin los sueños dado que ellos conforman la realidad de cada uno, si me dejáis decirlo así, con un trazo tan grueso. Y se lamenta de que en nuestro mundo no quede tiempo para los sueños. Para él forjar una identidad propia está desligada de las normas morales que quieren moldearla, separada, en definitiva, de los dictados del poder imperante. Por ello -cada personaje se construye una identidad por bizarra que sea y construirá su máquina de placer con elementos extraños, abandonados, encontrados casi de hurtadillas en cualquier lugar, pero elegidos minuciosamente.

Cada uno de los protagonistas tendrá su manera de gozar con su propio artificio y será indiferente que lo hagan en pareja o en solitario. Apunta fundamentalmente a mostrar como el goce nos deja solos, cada cual a lo suyo, mientras que en la fantasía forjamos una relación en la que el partenaire se adecua al engrama construido. De este modo la decepción y demás vicisitudes que podríamos englobar con el termino desengaño está asegurada. Lo que hemos llamado soledad estructural no desaparece, experimentada con amargura al suponer que es el otro el que nos falla.

Finalmente, volvamos a la película, el director hace un guiño para marcar sutilmente el problema más escabroso y es que finalmente de lo que se trata, lo que resta oculto en el montaje (los psicoanalistas lo nombramos montaje fantasmático) es la atribución de la voluntad sádica del Otro respecto de la que nos hacemos víctimas.

Este es el quid de la cuestión que hace a la soledad estructural en el humano. Este es el factor más correoso y espinoso. Cómo no recordar las palabras de Lacan: Lo que habla, solo tiene que ver con la soledad, sobre el punto de la relación que no puedo definir sino diciendo, como hice, que no puede escribirse (10)

Ante la grieta abierta en la soledad del trauma, el inconsciente puede proveernos de una manera de enlazar el goce pulsional con el deseo. Un deseo de deseo, un deseo limitado por los márgenes de esa construcción fantasmática que hemos señalado mediante la película.

Uno de los propósitos de un recorrido analítico será reconocer la construcción que hicimos de ese Otro para finalmente, en el mejor de los casos, (vamos terminando) construir la soledad pues es lo que de una ruptura del ser deja huella (11)

Ruptura del ser, por tanto, que deja huella, la soledad, y aparición de otro tipo de ser; la fractura que somos. (12)

La soledad como huella que se escribe (13) en el final del análisis habrá sido. Ocurre en ese tiempo que Freud nos enseñó, tiempo de la retroacción, nachtraglich. Se escribió, entonces, en el comienzo de un análisis si ese síntoma solipsista del que viene a consulta se incluye en la transferencia. Ahora, en el final, o si quieren mejor el Pase, se verifica. Al quedar el síntoma enlazado, entonces, en la transferencia, puede ahora soltarse esa suposición de saber en un acto sin garantía en el Otro, tampoco en el sujeto, un salto al vacío, una vez que este fue desocupado y limitado.

Solo ese paso, en soledad absoluta, permitirá acceder a ese saber sin sujeto (ruptura de saber) que finalmente descubrimos que es también el inconsciente.

Al separarnos del sentido (añadiríamos sentido fantasmático) aparece un nosotros diferente: la grieta que nos fija en el abismo. Es una hermosa paradoja que justamente desde esa soledad podamos dirigirnos a los otros de una manera diferente:

Terminaré (ahora sí) con unas palabras de Juarroz:

Somos leves señales de humo

que tal vez no tejan ni un código. 

Pero abajo, arriba o entre el humo

queda siempre la fidelísima fractura,

la grieta que nos fija en el abismo.

 

Notas bibliográficas

(1) Cervilla, F. Soledad con arte. Revista digital Culturamahttps://www.culturamas.es/2024/04/01/soledad-con-arte/revista digital

(2) Juan Daniel Fullaondo Errazu “Oteiza y Chillida en la modernidad historiografía del arte». La gran enciclopedia vasca, Bilbao, 1976 p. 21-22

(3) Agradezco a Francisco Cervilla, psicoanalista y escritor, los libros que me recomendó para preparar esta ponencia.  Entre las recomendaciones que me hizo, leí Exploradores del abismo de Enrique Vila-Matas Ed Anagrama. Barcelona (2007). En la p. 16 de este libro me encontré (con toda la fuerza del término encuentro) una estrofa de un poema de Juarroz que me llevó a leer su obra Poesía Vertical. Ed. Cátedra. Madrid, 2022

(4) Op. cit Exploradores del abismo p. 71

(5) Lacan elabora la ronda de los discursos en el Sem XVII, El reverso del psicoanálisis. (1969-70) En este seminario introduce importantes novedades con respecto a su concepto de goce comenzado a elaborar en el seminario La Ética del psicoanálisis (1959-60)

(6) Freud, S. Inhibición, síntoma y angustia. Amorrortu Tomo XX. p. 144 la represión es un intento de huida… el factor fijador a la represión es la compulsión de repetición del ello inconsciente…

(7) Freud, S. El malestar en la cultura. En Obras Completas. Buenos Aires, Amorrortu Editores. 1976. Tomo XXI. En esta obra, entre múltiples cuestiones, Freud afina con tino el carácter arbitrario y exigente del superyó. Lacan seguirá esta pista en numerosas ocasiones. Ver por ej. Lacan, J., “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano” (1960), Escritos 2, Ed. Siglo XXI, México, 1997, p. 786.

(8) Juarroz, R op.cit estrofa de la Decimotercera poesía vertical poema 36 p. 301

(9) Conspiradores del placer (1996) Jan Svankmajer. Estuvo en la plataforma Filmin. En este momento difícil de encontrar. Circula alguna copia.

Con el título Metamorfosis. Visiones fantásticas de Starewitch, Švankmajer y (…) pudimos disfrutar en La Casa Encendida, en Madrid, (2014/15) de una magnífica exposición de este artista. Se puede encontrar en internet el dossier de la exposición con información relevante de estos artistas.

(10) Lacan, J. Aún, El Seminario, Libro 20, (1972-1973), Paidós, Bs. As., 2007. Cap. X “Redondeles de cuerda”, p. 145

(11) Lacan, J. Op. cit misma pg.145

(12) Juarroz, R. Undécima poesía vertical. Parte 1 poema 23. Pg 272

… y nos queda nada más que la fractura que somos,

(13) Lacan, J., Op. cit misma p.145

Ella, la soledad, en ruptura del saber, no solo puede escribirse, sino que además es lo que se escribe por excelencia.

(14) Juarroz, R. Op. cit p. 272

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